jueves, 8 de enero de 2026

La Justicia en Santiago del Estero: un sistema estancado en busca de reforma

 Por Miguel A. Brevetta Rodríguez


I- Introducción.

La justicia santiagueña parece estar enfrascada en un contorno de estancamiento sin dar señales claras de pronta normalidad en el diario devenir tribunalicio. Esa realidad no escapa a la advertencia de propios y extraños, actualmente se expande hacia las aulas universitarias con la guía de docentes, que advierten a sus alumnos la existencia de una crisis que afecta a la institución y que es preciso trabajar promoviendo ensayos sobre el flagelo.

Desde  las cátedras de Derecho Procesal de la UCSE, por ejemplo, se está estudiando ya no solo los efectos de la lentitud crónica, sino el impacto de la digitalización a medias que promete agilidad,  pero en los hechos, las buenas intenciones se pierden en la maraña de expedientes, dejando a los estudiantes con un diagnóstico amargo ya que la reforma técnica avanza a paso de tortuga, mientras las estadísticas informan, que las causas civiles superan los cinco años en primera instancia.[1]

Es decir que los círculos áulicos no son indiferentes sobre la inercia que tiene paralizado al Poder Judicial. Se observa una morosidad significativa en los despachos de los juzgados de primera instancia, lo que provoca que los juicios se tornen interminables y excedan los límites de lo previsible en cuando a la duración y finalización de los mismos.

II La labor judicial

Y no se trata de un mal aislado: publicaciones varias reseñan que en el ámbito nacional, la Corte Interamericana de Derechos Humanos registró en 2024 un promedio de doce años para procesos contenciosos en Argentina. Los justiciables, en su mayoría de bajos recursos, ven cómo sus reclamos laborales o familiares se evaporan en el tiempo, fomentando una desconfianza que se traduce en soluciones extrajudiciales, a menudo precarias o violentas.

Los juzgados de segunda instancia, tampoco escapan a la regla de la lentitud, apoyados en el mismo discurso de siempre, que repiten los dependientes de mesa de entradas, como si fuese un dogma: aquí los jueces no tienen plazo para resolver, una frase que se repite como excusa para la inacción.

¿Nos preguntamos hasta cuando la incertidumbre, sin fecha cierta, que pueda mitigar las agónicas expectativas?  Lo cierto es que ese departamento de poder del Estado provincial se encuentra sumido en una crisis, en la mira de los que aguardan justicia, que sufren el tedio de una dilación, que para nada le es imputable, por lo que resiente las estructuras de la credibilidad pública.

¿Acaso son los jueces quienes sostienen la causa de la espera intemporal? ¿O los auxiliares del despacho, quienes no actúan con la debida premura en la celeridad de las causas?  Pero, no solo hay responsables del mostrador para adentro, a la inversa, se encuentran los abogados, que no hallan mejor tarea que abusar de los recursos que les provee el ritual, descifrando a la apelación, como un mágico negocio.[2] La morosidad no es exclusiva de Santiago del Estero, pero en la provincia se siente con particular intensidad.

Así las cosas, entre la indiferencia del sistema y el abuso procesal de los temerarios litigantes, logran desnaturalizar las bases de la justicia, disputándose como propios el sentido de la equidad. Y así una y otra vez, el juego del gran bonete introducido dentro del aparato judicial, que no da respuestas inmediatas a la maraña de causas que se adormecen en los estantes, ahora agravada por la sobrecarga post-pandemia y la falta de integración y modernización que se requiere.

El fuero de familia que aglutina un sinfín de litigantes a diario, produciendo resoluciones que se estiran como chicle, nos advierte con claridad que el servicio se encuentra resentido. ¿O faltan empleados a cargo del despacho diario, o no se cuenta con personal idóneo, o no hay conciencia que procure terminar con el estancamiento?

El Código Procesal Civil provincial, con su mediación obligatoria desde 2008 (Ley 6910), pretendía descongestionar el abarrotamiento, pero el abuso prosigue: en el Plan Piloto de Mediación Familiar de 2011-2012, de 2.702 ingresos solo se tramitaron 2.064, y hoy, en 2025, informes de fuentes seguras, señalan que el 30% de las apelaciones en Cámaras son por "dilaciones maliciosas", un eufemismo por lo que los foros académicos, le llaman "estrategia de desgaste".

IV Sobran los responsables

Los hechos son patéticos, pero también advertimos que no solo hay responsables del mostrador para adentro; a la inversa, se encuentran ciertos abogados, que no hallan mejor tarea que abusar de las ventajas que les concede el ritual. Esta práctica se ha tornado endémica: incidentes dilatorios y recursos infundados que multiplican plazos, convirtiendo el proceso en un filón para honorarios perpetuos, mientras el cliente —a menudo vulnerable— acumula deudas emocionales y económicas.

Ante el cumulo de evidencias y los lamentables resultados que arroja la estadística, no podemos mirar para un solo lado a la hora de señalar a los responsables de tanto desconcierto, por lo que resulta imprescindible que se aporten medidas urgentes para revertir esta realidad.

No se puede ser víctima de profesionales inescrupulosos quienes, ante la evidente demora en la tramitación, proponen soluciones extrajudiciales, generalmente precarias, abusivas o incluso violentas, colocando al oponente bajo la acechanza de una particular extorsión siempre en perjuicio del más necesitado.

V- Una mirada reparadora

Así las cosas, entre la indiferencia del sistema y el abuso procesal de los temerarios litigantes, se están desnaturalizando las bases protectoras del valor justicia; disputándose como propios el sentido de la equidad.

Y en este tablero viciado, es menester acercarse a los pasillos del TSJ a quienes –desde estas líneas-  le estamos arrimando la propuesta de sanciones éticas por "litigio temerario", inspirada en reformas nacionales, por lo que se podrían establecer ejemplares condenas y multas importantes, sobre los honorarios de quienes prolonguen causas sin sustento.

Un ejemplo práctico seria adoptar pautas positivas, como la Ley 24.240 (LDC) que promueve los llamados daños punitivos o sanciones civiles, que se imponen al responsable de una conducta reprochable y grave, a fin de punir dicho hecho y prevenir la reiteración predecible de situaciones fácticas similares en el futuro.[3]

Se las puede imponer independientemente del resarcimiento del daño efectivamente sufrido, devolviendo al ritual su esencia reparadora, en lugar de su rol de laberinto.

 



[1] según estimaciones del Mapa de Acceso a la Justicia de la CSJN.

[2] Ver Miguel  Brevetta Rodríguez “De la mora judicial y la apelación como negocio” Ed.Microjuris.com      

Fecha: 06-08-2018 Cita: MJ-DOC-13643-AR||MJD13643

[3] Ver Miguel Brevetta Rodríguez. Ed. Microjuris.com  ¿Multa Civil o Daño Punitivo? 05-05-2021 Cita: MJ-DOC-15939-AR||MJD15939; )Cámara 9a C.C. Cba. Expte. 2229879/36, 9-2-15, Sent. N°1. Revista Foro de Córdoba N° 178, Sección Síntesis de Jurisprudencia, Reseña N° 10, pag. 202.

viernes, 5 de diciembre de 2025

MEMORIAS DEL CONCERT

 

Por Miguel A. Brevetta Rodriguez


Como se sabe el “café concert"[1], apareció en Francia y se expandió por América Latina entre los años 60/70 a manera de una novedad atractiva, en donde convivían artistas y público juntos, tal una especie de actuación teatral, en el ámbito de un café, con música propia e invitados especiales.

 Era una novedad que rompía barreras: artistas y público compartiendo el mismo espacio, como en una actuación teatral improvisada dentro de un café, con música original, invitados sorpresa y un diálogo constante que convertía al espectador, en protagonista.

Aquí en Santiago del Estero a mediados de los setenta decidimos con Antenor Ferreyra[2] incursionar en esa novedad, en un nuevo boliche de la época llamado La Jaula[3] donde se había inaugurado la primera pista lumínica, una especie de tarima con base de luces multicolores que fluctuaban al ritmo de la música.

En esos años éramos estudiantes universitarios veinteañeros, Ferreyra y Yo[4] sin ninguna otra intención que no fuera experimentar la aventura, aceptamos la propuesta generosa del amigo Jhony Dieguez[5] y salimos a escena.

Solo teníamos como escenario la pista luminosa con el marco de lo que fue el sonido estable, una banda improvisada que conformaban: destacados músicos locales como Miguel Ángel Statelo, en guitarra y teclados, el bajo de Pocho Ditamo, la batería de Cacho Lora entre otros, que actuaban previo a mi presentación.

Ahí desplegué mi actuación frente al público presente y lo hacía -micrófono inalámbrico en mano –una novedad para ese tiempo-  lo que me permitía recorrer el salón, tejiendo conexiones directas con el público.

Mi rol era encarnar el espíritu del café concert: elegir un tema de actualidad al azar e invitar a la interacción colectiva. Arrancaba diciendo algunos de los pocos poemas memorizados, acompañado por la banda, y abría la tarima a quien quisiera aportar su chispa artística. Así despuntó, desde muy joven, el consagrado musico Pedro Barbieri, un ejemplo vivo de cómo ese espacio nutrió talentos emergentes.

Desde la inauguración, hasta el último día de mi intervención, recuerdo que el espectáculo se desenvolvió a sala llena, con seguridad en la puerta de entrada. Mi participación pretendía mostrar un diseño propio de café concert, es decir proponer interactuar a los presentes, sobre diversos temas de actualidad, que, entre todos los presentes, escogíamos al azar.

DESFILE DE FIGURAS NUNCA IGUALADO EN EL MEDIO

Nuestro concert consistió en brindar la oportunidad a todos los que quisieran hacer conocer su arte, en especial a los numerosos jóvenes del medio, que nos pedían con anticipación una oportunidad para subir a escena. La calidad y cantidad de artistas que pusimos en escena constituye un logro cultural jamás superado en nuestro medio.

Digamos que construimos un faro democrático para el arte local, dando voz especialmente a los jóvenes que exhortaban un minuto en escena. La calidad y diversidad de participantes forjaron un logro cultural sin parangón en Santiago del Estero, un semillero que impulsó carreras y enriqueció el tejido social de la provincia.

La cartelera era un mosaico ecléctico, diseñado para sorprender cada noche:

  • Lunes: Magia con los hermanos Faluci y títeres para adultos por los hermanos Di Mauro, fusionando ilusión y humor irreverente.
  • Martes: Música renacentista y barroca de los siglos XV y XVI, Interpretada por Graciela Soria y su conjunto un viaje temporal que contrastaba con la modernidad del boliche.
  • Miércoles: Cine club, proyectando films que provocaban debates acalorados.
  • Jueves: Noches de poesía, donde las palabras volaban libres.
  • Viernes y sábados: Grupos locales en ebullición, con invitados estelares.

Y así logramos la participación del grupo vocal Opus Cuatro[6], Los Trovadores[7] Voz Dei[8] figuras de relieve nacional como María Vaner [9] Mabel Manzotti,[10]  el trovador Mario Candó, nuestro afamado Fabuloso Marcelo, Los Zombis[11] , Frutilla [12]

En varias ocasiones presente a los Músicos del Centro[13] y a nuestro amigo Litto Nebbia[14]

Hablamos del folclore provinciano varias veces con Armando Tejada Gómez[15] y celebramos la poesía de Halmet Lima Quintana[16]  y la filosofía del tucumano Gaspar Risco Fernández[17]

En retrospectiva, La Jaula no fue solo un boliche: fue un ecosistema cultural vivo, un crisol donde convergían géneros, generaciones y visiones. Conceptos como la interactividad performática (esa cercanía que borraba la cuarta pared) y el fomento de talentos emergentes (un modelo de incubadora artística) definieron su esencia.

Hoy, evocando esas noches luminosas, entiendo que en silencio y sin quererlo, sembramos semillas, que aún florecen en la escena santiagueña.

Fue efímero, pero eterno en la memoria colectiva.

 



[1] En plena dictadura surge en Buenos Aires en lugares ocultos, conocidos como: Gallo Coco, Pollo erótico, y  otros

[2] Aportó su larga experiencia y trayectoria como generador y productor de espectáculos y actividades culturales en el medio

[3] Confitería bailable situada en Avellaneda esq. independencia, primer piso del Gran Hotel Carlos V.

[4] Como escritor, ex director General de Cultura provincial, ex director del teatro 25 de mayo, ex secretario del NOA cultural.

[5] Propietario del local, generoso emprendedor de cosas culturales. 

[6] (creado en La Plata en 1968 y activo hasta 2022),

[7] Rosarinos Nacieron como un desprendimiento de Los Trovadores del Norte luego de un conflicto por la propiedad del nombre en 1964

[8] Vox Dei fue una banda argentina de rock procedente de Quilmes, formada en 1967 y disuelta oficialmente 57 años más tarde una de las fundacionales del movimiento de rock argentino, y una de las pocas en haberse mantenido en actividad durante tanto tiempo. Su mentor Ricardo Soule presentó La Biblia y se quedaron una semana en Santiago.

[9] (23 de marzo de 1935/ 21 de julio de 2008) cónyuge de Leonardo Fabio;

[10] (28 de julio de 1938/ 25 de enero de 2012),

[11] Hugo Mansilla, Carlos Sánchez, Cacho Rigourd, Daniel Nassif, Kililo Alfano y Alejandro Bruhn Gauna,

[12] Banda Maragata con más de 50 años de trayectoria

[13] Banda de Córdoba: Mingui Ingaramo: guitarra Juan Carlos Ingaramo: teclados Oscar Feldman: saxo Horacio Ruiz Guiñazú: batería César Franov: bajo. logró prestigio cuando Litto Nebbia los elige como su banda soporte.

[14] Rosarino, considerado como uno de los fundadores del rock argentino

[15] poeta, letrista, escritor y locutor argentino, relacionado con la música folklórica. Incluido entre las cinco máximas figuras autorales del folklore argentino por la Fundación Konex. (1929-1992)

[16] poeta argentino, autor de más de cuatrocientas canciones, entre ellas la popular "Zamba para no morir" (1923-2002)

[17] Risco Fernández (1933-2021) realizó toda su formación en instituciones religiosas, licenciándose en teología y en filosofía por la Universidad de Salamanca. Indagó la tradición intelectual local y mantuvo las directrices del Concilio Vaticano II al que adhirió profundamente, al igual que un importante número de intelectuales y religiosos de América Latina.

viernes, 28 de noviembre de 2025

LUIS IGNACIO “Nacho” ARAUJO… cuando la radio era una juguetería.

Por Miguel A. Brevetta Rodriguez

Nos conocimos por los   pasillos de la Libertad al 200[1] en la década del setenta, cuando yo apenas desplegaba mi afición por la radiofonía. No había cumplido veinte años —me delataba el uniforme del Colegio San José— y ya pisaba con cierta reverencia, aquellos corredores donde nacía la magia.

 Por entonces, el aire de Santiago del Estero vibraba con el eco de guitarras criollas y el rumor de chacareras que se filtraban desde los patios internos, mientras la ciudad se desperezaba entre aroma de café y polvo de calles empedradas.

Cada paso era un latido de esperanza: un joven soñador cruzándose con leyendas vivas y con otros que, como yo, aguardábamos una oportunidad, como el niño en una juguetería.

 Cada paso por esos corredores era un latido de esperanza, un joven soñador    cruzándose con leyendas vivas y otros esperando una oportunidad.  En ese tiempo Luis Ignacio Araujo, “Nacho”[2], ya era una figura prominente del espectáculo y el entorno radiofónico, se lo distinguía por su voz simple y envolvente que parecía tejida con hilos de raigambre santiagueña.

 Fuimos, como se decía entonces, compañeros del micrófono. Compartimos auriculares y sueños en cabinas apretadas donde el humo de los cigarrillos se mezclaba con el zumbido de los transmisores y cada audición era un abrazo invisible a quienes nos escuchaba

Con el tiempo, la amistad creció más allá de los estudios. A pesar de la diferencia de edades, formamos parte de un grupo que tenía como templo la esquina de Independencia y Avellaneda, apenas caía la noche, de los viernes o sábados.

 Allí se paraban, al pasar, Agustín Chazarreta, Marcelo Santillán, Leandro “Meneco” Taboada, Hugo el Negro Ocaranza, Pedro Carol Pose y tantos otros convocados por la música y la cultura santiagueña.

Mientras tanto Nacho ya era una figura consagrada en los medios de prensa, acreditado con el título de Locutor Nacional[3] lo que lo habilitaba en el ejerció profesional de esa actividad.

 La historia de la radio en Santiago del Estero es un capítulo de pasión y pionerismo.


Todo comenzó en 1935 con la sigla LV11, la primera emisora provincial, instalada en los altos de un edificio céntrico que tenia de base al decano del norte argentino[4].

Con equipos semi profesionales, transmitía la voz de los locutores locales y las melodías populares en el interior; reinaban tras las llamadas de los oyentes, que nos hacían sentir vivos y cercanos, aunque estuviéramos a cientos de kilómetros.

 Más tarde, la vieja LV11 cambió su sigla por LW5, pero seguimos ligados al micrófono: El, en los horarios centrales del mediodía, llevando calidez a amas de casa y trabajadores; yo por la tarde y, luego, en el trasnoche, de 23 a 1 de la mañana, de lunes a viernes, cuando la noche se volvía confidente y las confesiones fluían como ríos de intimidad.

 Aquella radio era la única ventana al mundo para miles de santiagueños: unía ranchos lejanos con la capital, combatía el aislamiento y acompañaba desde el amanecer hasta la medianoche.

Recuerdo algunos de mis programas: Argentina Arte y Cultura, donde desgranábamos poemas de Borges o tangos de Gardel; Improvisado, reino de la espontaneidad y las llamadas; Emisión 70, guiño a la década que nos marcaba; y Música Breve, selecciones cortas que, en la madrugada, invitaban a la reflexión bajo la luna santiagueña y acompañaban soledades con notas que sanaban el alma.

 Este amigo fue el pionero de la “música ambiental[5] en la provincia: transformaba un simple café en escenario de ensueño y envolvía a la gente en emociones que hacían olvidar las penurias cotidianas.

También fundó una de las agencias de viajes más importantes del medio: Gran Turismo, abriendo puertas al mundo desde nuestra tierra quimérica

 Promediando los ochenta nos reencontramos, esta vez impulsados por la fe católica. Nos sumergimos juntos en la Renovación Carismática Católica, ese torrente espiritual que irrumpió en Argentina tras el Concilio Vaticano II.  que llegó a Santiago liderada por el padre José, un sacerdote de fuego interior que recorría el norte con su cruz al hombro, llenando templos de cantos en lenguas, oraciones espontáneas y sanaciones que arrancaban lágrimas.

 Eran reuniones donde el Espíritu descendía como viento impetuoso: grupos de oración en parroquias humildes, retiros en el campo, testimonios que rompían cadenas de dolor.

Nacho y yo orábamos en círculos donde las manos entrelazadas borraban diferencias de edad o condición; cada encuentro era un milagro de unidad y un bálsamo para el alma.

 Hace más de treinta años, saliendo de la Iglesia San Francisco, con el sol poniente tiñendo de oro las cúpulas y el aroma a incienso aún en el aire, me llamó con voz temblorosa de emoción para que escuchara una propuesta que quería concretar, un sueño que le ardía en el pecho.

 Me habló de lanzar una radio que promueva la palabra del Creador, a la que llamaría El Tiempo de Dios[6], la misma que arrancó pasado los años ochenta transmitiendo desde su domicilio[7], convertido en una sencilla emisora casera, donde los micrófonos se evangelizaban en púlpitos y cada onda era una plegaria al cielo.

 


En esas transmisiones, la voz de Nacho no era solo sonido: era consuelo, era esperanza, era el latido de un amigo que nunca fallaba y que siempre tenía cosas por hacer o por decir.

 Hasta allí concurría como invitado permanente, cuando por ese tiempo produje Devociones Populares Santiagueñas[8] un CD que revivía las tradiciones devotas de nuestra gente –desde las procesiones al Señor de Mailin con velas y promesas cumplidas, hasta las imágenes conservadas en los ranchos del interior donde la fe se mezclaba con el mate y las coplas–, tejiendo fe y folclore en una sola trama eterna, que nos hacía sentir vivos, conectados con generaciones de devotos que habían llorado y cantado ante el mismo Dios.

 Recién me llega la triste noticia de su partida hacia la casa del Padre, después de casi nueve décadas de realizaciones y de una fe entrañable.

Desde estas líneas lo despido y lo honro: fue uno de los primeros, gestores del arte radiofónico santiagueño y, por ende, maestro de muchos.

Que Dios lo reciba en su gloria, junto a los suyos, y que su voz siga resonando eternamente en el corazón de esta provincia que tanto amó. Descansa en paz, querido Nacho



[1] desde donde transmitía la vieja radio LV11… arriba del diario El Liberal

[2] ( 31 de marzo de 1939- 1 noviembre 2025.)

[3] Expedido por el Ministerio de Comunicaciones, Dirección General de Radiodifusión, Carnet Profesional No. 1667, otorgado en Buenos Aires el 6 de agosto de 1963.

[4] El diario El Liberal.

[5] Primer emprendimiento musical en donde los comercios locales difundían música gravada

[6] Hoy donada a las Hermanas Franciscanas desde donde continua en el aire.

[7] En calle libertad 764, siempre acompañado por su mujer Norma “bocha” LLugdar

[8] Primer CD con música folclórica evocando las fiestas religiosas populares de Santiago del Este

sábado, 1 de noviembre de 2025

LAS MENTAS DEL PAYADOR: HOMERO MANZI EN EL SIGLO XXI

 


En la poesía de Homero Manzi persisten todas las temáticas y todas las historias, ahora entrelazadas con lo sociológico, lo filosófico y lo digital de nuestra era.

Hay en ella amor, como hay también dolor, miedo, rebeldía y soledad –emociones que trascienden el tiempo, amplificadas por las redes sociales y las crisis globales contemporáneas.

Pareciera que para Homero el amor era una etapa lejana, inalcanzable, difícil, y esta constante búsqueda se inserta a lo largo de sus entregas, clamando por lo que pudo ser y no fue... En un mundo de conexiones efímeras y algoritmos que dictan afectos, sus versos resuenan como un eco de lo analógico en lo virtual.

“Pero hoy en medio de lo que todavía no he podido amar.

Y tu amor en la ventana

Todo ha muerto, ya lo sé...”

O cuando dice, en “Ninguna”, con voz definitiva y queja consecuente...

“Todas murieron en el momento que dijiste adiós...

Sabrá que sufro pensando en ella

Desde la tarde que la dejé...”

Sea como fuere, Manzi lloró un amor y lo interpuso entre verso y verso, como si fuese una culpa o un castigo que definitivamente debía ir hermanado a su obra y a sus propios recuerdos. Hoy, en 2025, esa melancolía se lee como un presagio de las rupturas digitales: amores que se desvanecen en pantallas, fantasmas en chats archivados.

EN CADA VERSO SU CORAZÓN

De entre las tantas cosas publicadas por Manzi en diarios, periódicos y revistas especializadas –muchas de las cuales hoy sobreviven solo en archivos digitales o repositorios en línea como la Biblioteca Nacional o plataformas de hemerotecas virtuales–, Luis C. Alen Lascano[1] rescató un extenso poema firmado por el autor y que fuera publicado en el diario La Prensa en su sección dominical, poco antes de su desaparición en 1950.

En aquel poema: “Hombre”, Manzi deja sentado para siempre su rol de escritor meditativo y profundo, de conocedor rutinario y certero, de visionario nato –cualidades que anticipan las distopías modernas de la inteligencia artificial y el cambio climático:

“Corres como un gigante desolado

con fuerzas que tú mismo has convocado.

Eres trágico así y eres absurdo

cuando te vistes con el gesto burdo.”

Hay en estos versos más que un alegato al presente de posguerra; una acusación al futuro del hombre en la era de la hiper conectividad y la crisis ecológica, un interrogante que pregunta incansablemente y responde al mismo tiempo las pautas dadas, las creadas para ser así. En 2025, con el auge de las IA generativas y las redes que amplifican lo absurdo humano, estas líneas suenan proféticas.

Otro de los logros de Homero Manzi es su poema “El último viaje de Quiroga”, escrito poco antes de su muerte y lamentablemente inconcluso. Sobre este tema tan trajinado –la trágica expedición de Horacio Quiroga al Amazonas–, me atrevo a afirmar que, a mi juicio, sigue siendo lo mejor que se ha escrito hasta el momento, lástima que haya quedado sin terminar. En la era de documentales en streaming y reconstrucciones digitales, su narrativa cruda gana nueva vida.

Hay en estos versos un sabor extraño, como la forma de contar la historia con conocimiento del lugar del hecho y absoluta veracidad en el concepto que se expone. Particularidades visibles al comparar con otros poemas o relatos modernos que versan el mismo tema –incluso adaptaciones cinematográficas o podcasts contemporáneos–, y sin dejar de ser correctos, no poseen la fuerza que le da Manzi a lo largo del relato:

“¡Déjense de pavadas y enganchen la galera!

Por cuenteros y maulas les metería una soba.

¿Qué quieren que a mis años pida la escupidera

y me quede en Santiago masticando algarroba?”

No solo pinta una realidad histórica, sino que cuenta una verdad con estilo y gracia muy particular, características en él. Hoy, en un mundo de fake news y narrativas virales, esta autenticidad cruda resalta como antídoto.

NADA MENOS QUE TÚ ERES POETA

Otros de los buenos poemas de Manzi lo constituyen esos “42 versos a la Facultad de Derecho” y un largo poema que titulara “30 años”, en donde deposita toda una gama de recuerdos y experiencias vividas en su niñez y parte de su juventud –ahora releídos en el contexto de movimientos estudiantiles globales como los de 2018 en Argentina o las protestas por el cambio climático.

“Pero siempre fui avaro Con mi propio dolor.

Abandoné los libros y me hice luchador.”

La vida de Homero se encuentra escrita en estos versos que constituyen su cronología versificada con increíble sencillez y candor, un testimonio que inspira a generaciones de activistas en redes sociales.

Aquellos “42 versos…”, publicados por primera vez en la revista El Hogar el 7 de marzo de 1948 –y que hoy circulan en ediciones digitales y antologías en PDF–, deambularon por cuentas casas de altos estudios, en el país; entre los estudiantes de esa carrera, que parecen identificarse tras los conceptos vertidos por Manzi, que se conjugan entre la seriedad y la farsa, satirizando un sistema educativo que muta… pero no cambia.



[1] en su obra “Manzi: poesía y política” (publicada en los años 70, pero reeditada y digitalizada en décadas recientes),

jueves, 16 de octubre de 2025

VERDAD Y MENTIRA DEL 17 DE OCTUBRE.

Solo dos revoluciones populares:

                       
    
                                            
     
 
Ayer se cumplieron treinta años de la revolución del 17 de octubre 1945, una fecha de hondo significado para las memorias contemporáneas que constituyen un vivo documento para los galones de la historia, ya que éste levantamiento popular constituyó uno de los hechos de mayor importancia en el presente siglo, registrado en nuestro país.

       Sin embargo el real significado de ésta fecha ha sido a todas luces distorsionado, mal interpretado, confundido y ocultado por los detractores de siempre. Nunca se festejó éste hecho histórico con las características que le fueron propias, ni siquiera podemos afirmar que alguna vez -después del golpe de 1955- ésta fecha adquirió alguna notoriedad.

       Es mas que obvio que esa circunstancia nunca fue analizada como es debido, es decir desde la objetividad y cuando se lo hizo, fue deformando su esencia, negando su proyección popular é imputando a éste episodio risibles consecuencias que al decir de algunos, se trataba de otro de los desbordes de la “barbarie” humana de los cuarenta.

BÁRBAROS Y BARBARIES

Ya que el término “bárbaro” y los derivados de “barbarie” suelen salir a relucir en cada oportunidad  que un gobierno popular se instala en el poder y vistas las consecuencias y los alcances que hoy tratamos, sería ideal recordar y citar un pasaje del libro de don Arturo Jauretche que titulara - con efectivo acierto-“Los profetas del odio”.

Allí narra el autor un episodio de la historia argentina (a la que todavía no terminamos de comprender) que se desarrolla precisamente en nuestra provincia y tiene como protagonistas al Brigadier General Juan Felipe Ibarra y al Dr. Tezanos Pinto.

        Resulta que cuando éste último llegó a nuestra tierra en misión oficial a cumplir con una directiva ministerial trayendo un mensaje para el Gobernador Ibarra, se había presentado ante el caudillo norteño en horas de la siesta, justamente cuando el sol santiagueño vence al mismo diablo y hecha por el suelo a todo tipo de ceremonias, por más formales que éstas fueran.

Ibarra que estaba en chiripa y tomando un mate a la sombra de un tala, invitó al funcionario a compartir la reunión. Segura fue la negativa de Terzanos Pinto que cumplió con su misión y se retiró en compañía de sus funcionarios “engalerados” y bañados por el sudor que provocaban esos pesados trajes que se habían puesto para no dejar de ser formales.

El porteño oligarca a poco de retirarse, expresó a sus seguidores: “Bárbaro el santiagueño, tomando mate y en calzoncillos…” A lo que Ibarra comentó a sus milicianos:  “Bárbaro el porteño andar vestido con traje de lana  en semejante calor”.

He aquí dos ejemplos de la palabra “bárbaro”. Dos comparaciones que se realizan dentro de un mismo marco y que recogen diferentes interpretaciones. Una que peca de soberbia, la otra redundante en la humildad.

      De todas maneras sabemos el origen de la palabra en cuanto a su uso intencional, recordar también la “ civilización y barbarie” de Sarmiento. Y basta. Si hemos recordado ésta anécdota tratando un tema como el que estamos abordando, es porque tiene un significado, y éste deriva de las interpretaciones, que como dije, suelen algunos aventureros dar una equivocada interpretación.

DOS REVOLUCIONES POPULARES

Volviendo a los orígenes del tema que tratamos, debemos recordar que su significación no es privilegio de ningún partido político, no se trata de un mero partidismo oficialista (en nuestros días) tal como suele afirmarse en algunos sectores, no precisamente en los populares.

Aquí queremos tratar un hecho sin precedentes dentro de la historia de nuestro país en el presente siglo, que injustamente se trata de ocultar. Ya los argentinos tuvimos la oportunidad de hacer conocer nuestras opiniones y de participar en las decisiones gubernamentales  cuando se logró la sublevación ante los atropellos que ocasionaban nuestros primeros ensayos constitucionales.

No podemos ignorar lo que fuera aquella revolución que  es recordada en la historia como “el golpe del 6 y 7 de Junio de 1811”. En esa oportunidad quienes salieron a la calle en busca de sus destinos, no era otro que el pueblo todo en su conjunto motivados por una causa y un interés común.

Tuvieron que pasar 134 años para que éste mismo pueblo tomara la misma iniciativa que los anteriores, que vivieron otras circunstancias y otra época. Fue precisamente el 17 de Octubre de 1945, cuando las masas se levantaron en busca de sus destinos, que en éste caso era el futuro de un hombre que más tarde se erigiría en el conductor de América – tal como le llamaron hasta sus adversarios políticos – y líder espiritual del Tercer Mundo, me refiero al General Juan Perón.

FECHA AUTÉNTICA Y NACIONAL

Insistimos que estamos lejos de querer significar –por medio de ésta recordación – a un mero hecho sin trascendencia derivado en un triunfo de tinte político. Cuando invocamos la historia y cuando sentimos la necesidad de esclarecer al pueblo, no somos partidistas ni de los unos, ni de los otros, tratamos de ser lo más objetivos posibles.

De todas maneras estamos rememorando un hecho contemporáneo que puede ser constatado muy fácilmente, con tan solo recurrir a la memoria de los argentinos de la década del 20 ó el 30, que cuando se desencadenaron los acontecimientos, eran las reservas de nuestro futuro.

Ésta fecha insigne no fue otra cosa que la voluntad general de una mayoría comprometida con el futuro de su pais, al exteriorizar sus anhelos y verter sus pensamientos frente al edificio en dónde se gestó nuestra historia.

       Fue un espontáneo milagro que se dio en virtud de una injusticia intencional. Fue un ejemplo digno de mención y recuerdo; ojala los argentinos, inspirados en éste acontecimiento puedan clarificar sus ideales en cada circunstancia que vean limitados sus derechos.

       Tal vez se logre comprender las realidades, que suelen esconderse detrás de los misterios interesados que tratan de eclipsar las autenticidades por medio de mezquinos intereses personales. Nos consuela saber que nuestro pueblo es capaz –cuando reacciona- de luchar por las conquistas que no son fáciles de conseguir y de mantener, lo sabemos pujante, laborioso y sincero. 

       Lo importante del caso, es que hasta la fecha solo se conocen dos revoluciones populares, en las que el pueblo fue el artífice de su destino: La gesta del 6 y 7 de junio de 1811 y el 17 de octubre de 1945, lo que nos lleva ha confirmar que cualquier levantamiento aislado, sea o no numeroso, no constituye un hecho revolucionario, pues para ello debe existir previo un consenso nacional que así lo justifique y se lo reconozca como tal.

      Por lo demás -quedó dicho- que cuando se agota su paciencia, los pueblos suelen hacer tronar el escarmiento…

Publicado en Diario LA HORA, 18 de octubre de 1975.

 

EL MISMO ARTICULO escrito  a la fecha 50 años después

17 DE OCTUBRE DE 1945: A 80 AÑOS DE UNA GESTA POPULAR QUE MARCO LA HISTORIA ARGENTINA


Ayer, 17 de octubre de 2025, se cumplieron ochenta años de la revolución de 1945, un hito que sigue resonando en la memoria colectiva de Argentina como un símbolo de la lucha del pueblo por sus derechos y su soberanía.

Este levantamiento, que llevó a la liberación de Juan Domingo Perón y al nacimiento del peronismo, no solo transformó el panorama político de nuestro país, sino que también se convirtió en un referente para los movimientos populares de América Latina y el mundo.

Sin embargo, su verdadero significado sigue siendo objeto de debate, a menudo distorsionado por quienes buscan minimizar su impacto o reducirlo a un simple episodio de desorden

.Un acto de justicia popular, no de "barbarie"

A lo largo de las décadas, el 17 de octubre ha sido caricaturizado por algunos sectores como un estallido de "barbarie", un término que, como señalaba  Arturo Jauretche en Los profetas del odio, refleja más los prejuicios de clase que la realidad de los hechos.

Jauretche narraba una anécdota reveladora: en el siglo XIX, el porteño Tezanos Pinto, vestido con un traje de lana bajo el sol abrasador de Santiago del Estero, llamó "bárbaro" al gobernador Juan Felipe Ibarra por tomar mate en chiripá. Mientras que Ibarra, a su vez, tildó de "bárbaro" al porteño por su atuendo inadecuado.

Esta historia, sencilla pero profunda, ilustra cómo las élites han usado el término "barbarie" para deslegitimar las expresiones populares, desde los caudillos del siglo XIX hasta las masas que colmaron la Plaza de Mayo en 1945.

Hoy, en 2025, esta dinámica persiste.

Las redes sociales y los medios digitales amplifican tanto las voces que reivindican el 17 de octubre como las que lo descalifican, a menudo sin un análisis profundo. En un mundo híper conectado, donde la desinformación puede distorsionar la historia en tiempo real, es más importante que nunca recuperar la esencia de aquel día: un pueblo unido que salió a las calles para reclamar justicia, dignidad y un futuro mejor

.El 17 de octubre y su legado en el siglo XXI

El 17 de octubre de 1945 no fue un hecho aislado, sino el punto culminante de un proceso histórico en el que los trabajadores, los sectores populares y las clases marginadas encontraron una voz en la figura de Perón.  Aquel día, miles de personas marcharon hacia la Plaza de Mayo exigiendo la liberación de un líder que representaba sus anhelos de justicia social, soberanía económica y derechos laborales. Este movimiento marcó un antes y un después en Argentina, consolidando un modelo de inclusión que desafió las estructuras de poder tradicionales

.En el contexto actual, el legado del 17 de octubre sigue siendo relevante. Argentina enfrenta desafíos como la desigualdad económica, la inflación y la polarización política, problemas que resuenan con las luchas de hace ochenta años.

Sin embargo, el mundo ha cambiado: la globalización, la tecnología y el cambio climático han transformado las demandas populares. Hoy, el espíritu del 17 de octubre podría inspirar movimientos que busquen no solo justicia social, sino también sostenibilidad, igualdad de género y acceso equitativo a la tecnología.

Dos revoluciones, un mismo pueblo

El artículo de 1975 compara el 17 de octubre con la revolución del 6 y 7 de junio de 1811, cuando el pueblo porteño se movilizó para defender sus derechos en los albores de la independencia. Ambas fechas, separadas por 134 años, comparten un elemento común: la voluntad colectiva de un pueblo que se levanta frente a la injusticia.

En 2025, estas gestas nos recuerdan que la historia no es solo un relato del pasado, sino una guía para el presente. Los argentinos hemos demostrado, una y otra vez, nuestra capacidad para moldear nuestro destino cuando actuamos con unidad y propósito.

Una fecha para la reflexión, no para la división

Reivindicar el 17 de octubre no significa adherir ciegamente a un partido o una ideología. Se trata de reconocer un momento en el que el pueblo argentino fue protagonista de su historia, desafiando a quienes pretendían silenciarlo.

En un país donde la polarización sigue siendo un obstáculo, esta fecha nos invita a reflexionar sobre la importancia de escuchar a las mayorías, de construir consensos y de trabajar por un futuro inclusivo.

Ochenta años después, el 17 de octubre de 1945 sigue siendo un faro de inspiración. Es un recordatorio de que, cuando el pueblo se une, su voz es imparable.

Como decía Jauretche, los pueblos, cuando agotan su paciencia, "hacen tronar el escarmiento". Que este aniversario nos motive a recuperar esa fuerza colectiva para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo con la misma valentía y determinación.